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Santander, ante el desafío de la pérdida de población

Artículo de Pedro Casares en El Diario Montañés

Una ciudad donde no se puede vivir y trabajar acaba siendo una ciudad fantasma, un universo compartido de silencios, un espacio vacío que no invita a ocupar las calles y plazas ante la ausencia de generaciones diversas de personas dispuestas a hacer patriachica; en definitiva, un territorio solitario donde las agujas del reloj marcan los tiempos de la vida en sociedad.

Santander tiene, en la pérdida constante de población que sufre desde hace más de una década, uno de los retos imprescindibles para afrontar el futuro. La ciudad que construimos hoy no puede asentarse sobre una hemorragia demográfica a la que no se ha hecho frente con voluntad política y determinación para invertir la tendencia, demorándose año tras año un plan riguroso de revitalización demográfica, que lleva aparejado un cambio drástico de modelo económico y social.

Nuestra ciudad tenía, según el último censo poblacional publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de enero de 2016, 172.656 vecinos empadronados. Una cifra que pone de manifiesto que la ciudad lleva perdiendo treshabitantes cada uno de todos los días de los últimos diez años.

Una pérdida que responde al éxodo de la población extranjera ante la falta de trabajo, las escasas posibilidades laborales para las mujeres, la emigración de los jóvenes santanderinos a otros municipios limítrofes, o a otras autonomías o al extranjero en busca de empleo ante la falta de oportunidades, y la caída de la natalidad que ha hecho que las defunciones superen a los nacimientos, en una ciudad muy envejecida.

¿Las causas de todo ello? El aumento del desempleo, la debilidad económica, la falta de tejido industrial, la errática política de vivienda, el modelo de desarrollo urbanístico, el aumento de los impuestos locales y la ausencia de una apuesta decidida por apoyar a sectores estratégicos, a la innovación o al comercio en nuestra ciudad. Causas todas que ponen en entredicho la gestión de quienes llevan más de 30 años gobernando esta ciudad y han sido incapaces de sentar las bases sociales y económicas necesarias para que los ciudadanos puedan vivir y trabajar en Santander. 

De tal forma que se han producido dos fenómenos distintos a la vez -el éxodo masivo de jóvenes y el envejecimiento- que conducen a una misma dirección: la despoblación. Aspectos de una realidad que están generando, pero sobre todo, que generarán un problema fundamental para el desarrollo y el diseño de Santander en el futuro.

Si no hay reemplazo generacional una sociedad, simplemente, se extingue. Y si no hay riesgo cierto de que Santander desaparezca del mapa – ni está en mi ánimo hacer pensar algo así- no es menos cierto que si no se pone freno a la pérdida constante de habitantes, nos veremos abocados a una ciudad cada vez más reducida a la insignificancia en un mundo globalizado y en permanente proceso de cambio. Un tema tan grave que no puede resolverse con parches, sino con un cambio estructural de modelo social y económico sobre el que se asienta nuestra ciudad.

En buena lógica, el tema debería formar parte de los primeros puntos de la agenda política municipal ya que Santander tiene en la actualidad la misma población que en los años 70, y llevamos años perdiendo más de 1.000 habitantes cada año. Sin embargo, no hay atisbo de que quienes hoy tienen el mandato de las urnas para defender los intereses de la ciudad de buscar fórmulas eficaces para revertir la situación y abordar con el resto de formaciones políticas, con los agentes sociales, con la universidad, las asociaciones, colectivos y representantes de la sociedad civil, una estrategia conjunta para hacer frente, desde diferentes perspectivas, a una realidad preocupante.

Es fundamental establecer cuánto antes propuestas concretas para romper con la dinámica actual y combatir el problema de la perdida continua de población. Es evidente que la garantía del futuro de esta ciudad pasa por recuperar un crecimiento sostenido y sostenible de la población. Y todo, conun enfoque participativo y planificado, que dé respuesta a los desafíos que tenemos que afrontar para recuperar el impulso de ciudad.

Priorizar las políticas de ayudas sociales y económicas, los incentivos fiscales para la creación de empresas y generación de empleo, una política decidida de apoyo al alquiler social de viviendas, un modelo de transporte público sostenible o una apuesta decidida por revertir el modelo de ciudad y hacer frente a la falta de dinamismo demográfico, son solo algunas de las propuestas que ponemos encima de la mesa para abordar la problemática actual. No podemos resignarnos a que se siganmarchando los jóvenes y se pierda población en nuestra ciudad, porque entonces estaremos resignándonos a que Santander pierda el futuro.