Guerra Civil, exilio y clandestinidad

La sublevación militar situó a los socialistas montañeses en posiciones de primera línea política pues les correspondió asumir la mayor parte de las responsabilidades en la gobernación de la provincia tras quedar aislada al inicio de la guerra.

Por otro lado, en este período se procuró mantener a las agrupaciones dentro de la legalidad de republicana desestimando, siempre, que el conflicto bélico fuese el marco propicio para hacer la revolución social. Así, los esfuerzos realizados por sus líderes desde las instituciones y el conjunto de su militancia en los frentes se centraron en restaurar la democracia republicana hasta el último día de la guerra en el que abandonaron España camino del exilio, fueron fusilados o encarcelados.

Faltan estudios fiables sobre el número de cántabras y cántabros detenidos al final de la Guerra Civil. Las propias autoridades franquistas apuntaban a finales de 1937 que se hallaban detenidas en la región unas 40.000 personas. Un número al que habría que añadir los que fueron encarcelados en otras provincias como en La Guardia (Pontevedra), donde fueron conducidos aquellos que fueron detenidos en alta mar cuando huían tras la caída de Asturias, o en Luarca y Ocaña (Asturias), donde fueron concentrados una parte de los prisioneros montañeses detenidos en Asturias.

Por lo que respecta al exilio en nuestra región, sabemos que fue mayoritariamente socialista ya que entre los datos que aportan los censos de refugiados se incluye la filiación política y las estimaciones realizadas a partir de ellos- Consuelo Soldevilla, 1998- establecen que más de un 60% de los exiliados cántabros fueron militantes o estuvieron vinculados de algún modo a las tres federaciones socialistas de la región: la Federación Obrera Montañesa, Federación Obrera de Casas Campesinas y la Federación Socialista Montañesa.

Hemos cuantificado estadísticamente la información disponible tomando como referencia los índices de afiliación de la época y los datos arrojan una imagen devastadora sobre las consecuencias de la represión: más de un 12% de los militantes se hallaban en el exilio, un 7% habían sido fusilados y entre un 10-12% estaba en la cárcel o cumpliendo su condena en las colonias penitenciarias. Y aun quedarían por determinar los índices correspondientes a la categorías de “desaparecidos” y de muertos en las prisiones, campos de concentración y demás lugares de internamiento.

La Dictadura, no obstante, no logró acabar con el socialismo en la región. La constitución del primer comité clandestino socialista se produjo en el transcurso del mes de septiembre de 1944 tras la puesta en libertad de los primeros presos políticos; la recomposición de relaciones entre los de los hombre del interior, los que se quedaron en Francia y los exiliados en México y simultáneamente a la reconstrucción del PSOE y la UGT en Francia en cuyo proceso adquirieron especial protagonismo varios grupos de militantes cántabros. La labor desarrollada en esos primeros momentos estuvo dirigida, entre otros, por Luís Illera Barbachano, Antonio Mas Blanco, Aniceto Reventún Cubría, Ángel Haya Madrazo, Andrés Andraca Asensio en el interior; por Miguel Calzada San Miguel, José Landeras, Manuel Castillo, Joaquín Jiménez, Dámaso Solana, Santiago Cuevas Santamaría y José Martín del Castillo en Francia y por Juan Ruiz Olazarán y Antonio Ramos, en México. Gracias a todos ellos, a los hombres y mujeres que se sumaron en las siguientes décadas y al conjunto de simpatizantes socialistas cántabros que se mantuvieron firmes en sus ideas en las peores circunstancias políticas durante cerca de cuarenta años fue posible la reconstrucción, llegada la democracia, de la organización que nuestros abuelos llamaron Federación Socialista Montañesa y nosotros Partido Socialista de Cantabria.

Cecilia Gutiérrez Lázaro

Historiadora

Bruno Alonso
Junto a un grupo de exiliados cántabros en Toulouse

Luís Illera
Líder clandestinidad